Cierras el mes y para saber cómo ha ido hay que exportar del programa de gestión, abrir el Excel de siempre, cruzarlo a mano con lo del TPV y dedicarle una tarde. Cuando el número está listo, ya es historia: sirve para explicar lo que pasó, no para decidir nada.
Y lo peor no es la tarde. Es que como cuesta tanto, se mira una vez al mes — y hay decisiones que quieren mirarse el martes.
¿Qué es business intelligence y en qué se diferencia de un informe?
Un informe te dice qué pasó. Un panel te deja preguntar. La diferencia se nota el día que ves una cifra rara y quieres saber de dónde sale: con un informe pides otro informe; con un panel, haces clic.
En la práctica es coger los datos de donde ya están —facturación, TPV, reservas, horas trabajadas—, juntarlos en un sitio y montar encima la pantalla que responde a lo que preguntas cada semana. Se actualiza sola, así que el martes está tan al día como el día de cierre.
¿De dónde salen los datos?
De lo que ya usas. Holded, A3, Contasol y Dolibarr del lado de gestión. Square y otros TPV de hostelería. CoverManager para reservas. WooCommerce o PrestaShop si vendes online. Y las hojas de cálculo que alguien mantiene a mano, que casi siempre existen y casi nunca se mencionan.
El primer paso es siempre el mismo y es aburrido: confirmar qué da cada fuente de verdad. No lo que promete el fabricante — lo que sale al pedirlo. Un TPV puede facturar perfectamente y no saber cuántas personas cenaron, y si el dato no está, no hay panel que lo invente.
¿Qué preguntas acaba respondiendo?
- Qué margen deja cada producto, servicio o local, no solo cuánto factura
- Qué clientes crecen y cuáles llevan tres meses cayendo sin que nadie lo note
- Cuánto cuesta de verdad un trabajo, con las horas dedicadas dentro
- Qué días y qué franjas dejan dinero y cuáles se sostienen por costumbre
- Cuánto se cobra fuera de plazo y a quién
La lista sale de preguntar, no de un catálogo. Cada negocio tiene dos o tres preguntas que decide de verdad, y el resto es decoración que engorda el panel y hace que nadie lo abra.
¿Cuándo NO merece la pena?
Cuando los datos de origen están mal. Un panel no arregla una contabilidad desordenada ni un catálogo con precios que nadie ha revisado: la enseña más deprisa y con mejor tipografía. Si al mirar las fuentes vemos que el problema está antes, lo decimos y se arregla eso primero.
Y cuando la decisión ya está tomada. Un panel para justificar lo que se ha decidido cuesta lo mismo que uno para decidir, y no sirve para nada.
grupo de restauración
Facturación del TPV, reservas y contabilidad en una sola pantalla, con el margen por local y por franja horaria en vez de un total mensual que no dice dónde mirar.
¿Cuánto cuesta montar un panel?
Depende casi entero de las fuentes, no del panel. Con dos orígenes que tienen API y datos limpios, se ha movido entre veinte y cuarenta horas. Cuando hay que sacar datos de un programa cerrado, o hay años de histórico que no cuadran entre sí, sube bastante.
Por eso lo primero es una revisión de fuentes, que son entre cinco y diez horas y termina con un documento que dice qué preguntas se pueden responder con lo que hay, cuáles no, y qué haría falta para las que no. Esa revisión vale por sí sola aunque después no se monte nada.
Empezar
Dinos qué dos o tres preguntas te gustaría poder mirar un martes cualquiera, y en qué programas viven los datos hoy. Con eso ya se ve si tiene arreglo y por dónde. Contacto.