Hay procesos que ningún programa estándar cubre. No porque sean raros, sino porque son tuyos: la forma en que calculas un presupuesto, cómo repartes el material entre obras, qué tiene que pasar para dar un pedido por cerrado.
Cuando eso no encaja en el programa que tienes, pasa una de dos cosas. O se deforma el proceso para que quepa —y entonces se trabaja peor para que el software esté contento—, o alguien lo sostiene con una hoja de cálculo que solo entiende él.
¿Cuándo compensa hacer software a medida?
Casi nunca para sustituir lo que ya funciona. Facturar, contabilizar o llevar el stock son problemas resueltos, y programarlos otra vez es tirar dinero y quedarse sin las actualizaciones de quien lo hace mejor que tú.
Compensa cuando hay un hueco: la pieza concreta que nadie vende porque solo te pasa a ti. Ahí una aplicación pequeña, enganchada al sistema que ya usas, resuelve más que cambiar de programa entero. La pregunta correcta no es «¿qué programa me compro?», es «¿qué me falta exactamente?».
¿Qué puede resolver una aplicación propia?
- Aplicaciones de uso interno: control de entrada y salida de material, partes de trabajo, inventario
- Portales para que el cliente consulte lo suyo sin llamar por teléfono
- Herramientas de cálculo con las reglas del negocio dentro
- Paneles que reúnen datos de varios programas en una sola pantalla
- Aplicaciones que funcionan en el móvil sin instalar nada y aguantan sin cobertura
¿Puedo tener una aplicación a medida sin cambiar mi programa de facturación?
Se empieza por lo mínimo que ya sirve para algo, y se pone en manos de quien lo va a usar cuanto antes. No por metodología: porque la lista de lo que hace falta cambia en cuanto alguien lo usa de verdad, y cuanto más tarde llegue ese cambio, más caro sale.
No se sustituye lo que ya funciona: se conecta. Si facturas en Holded, la aplicación habla con Holded. Si el almacén está en Dolibarr, lee de ahí. El objetivo es que no haya un segundo sitio donde meter los mismos datos.
El código se entrega: repositorio, documentación y claves. Puedes usarlo, modificarlo y hacer que lo mantenga quien tú quieras — que nos llames el año que viene tiene que ser una decisión tuya, no la consecuencia de que nadie más pueda tocarlo. La propiedad intelectual no se cede: se te entrega el derecho a usar el código en tu empresa, no a revenderlo ni a licenciarlo a terceros.
distribuidor industrial
Un Dolibarr implantado y, al lado, una aplicación propia que controla la entrada y salida de material desde el móvil del almacén.
¿Cuánto cuesta una aplicación a medida?
Una herramienta pequeña que resuelve un proceso concreto ha ido de cuarenta a ochenta horas. Una aplicación con varios usuarios, permisos distintos y conexión con el programa de gestión, de ciento cincuenta en adelante.
La horquilla es ancha a propósito, porque a estas alturas es honesta. Se cierra después de la primera sesión, que sirve para ver el proceso de verdad y no lo que se cuenta de él. Esa sesión se factura y se descuenta si el proyecto sigue.
Empezar
¿Qué proceso estáis sosteniendo con una hoja de cálculo, y quién es la única persona que sabe manejarla? Esa respuesta suele señalar el sitio exacto donde falta la pieza. Contacto.